D. Juan José Delgado Moraga

 

Madrid, 22 de septiembre de 1958

Teniente de Hermano Mayor Emérito de la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús, El Divino Cautivo.

Cincuenta años de Cofrade.

 

Los primeros recuerdos que tengo de la Semana Santa, allá por el año mil novecientos sesenta y poco, son del Jueves Santo por la mañana, ver a mi madre planchando la túnica de mi padre, escuchando música clásica y mi padre trabajando, porque era medio día laborable; y del Viernes otra vez planchando, otra vez música clásica y el olor a potaje, torrijas y a bacalao con tomate.

Éramos vecinos del barrio, calle Montesa 32, mi padre procesionaba (no sé muy bien por qué), ellos fueron los que nos trasmitieron, a mi hermana, mi hermano y a mí, un amor al Divino Cautivo que hasta hoy me dura. En el año 2000 fallecieron y se llevaron consigo una estampa del Divino Cautivo.

Este amor que yo siento he intentado transmitírselo a mis hijos. De pequeños me acompañaban y desde los nueve años han salido acompañando al Divino Cautivo y viviendo con mucha devoción los preparativos de la salida. No importaba el lugar, fueran filas, empujando el paso o llevándole en andas(los dos años de excepción),o en encuentros con jóvenes cofrades, costaleros y nazarenos.

Cuando tenía diez años (1968) empecé a salir encendiendo los cirios cuando se apagaban fila para arriba y fila para abajo. El Viernes Santo salíamos en la procesión del silencio, mis primeros recuerdos son de salir vestidos con las túnicas blancas que mi madre había planchado.

Los preparativos de los días anteriores eran un sin vivir, limpiar las cruces preparar los cirios, las velas, las insignias, estandarte, bacalao, faroles (creo que ha sido lo único que no he llevado en procesión), limpiar el paso, la llegada de los claveles miles de ellos, el cortarlos y ponerlos alrededor del paso y sobre todo a los pies de nuestro Divino Cautivo, todo esfuerzo era poco.

A lo largo de todos estos años he tenido la oportunidad de acompañar a Nuestro Padre Jesús desde distintos lugares en la procesión en fila con cirio, en fila con cruces, portando el estandarte, empujando el paso, durante muchos años la cruz guía y dos años saqué con gran orgullo la cruz del preso. Una experiencia difícil de explicar, caminando por delante de nuestro Divino Cautivo, se me venía a la cabeza y me encogía el corazón al recordar la historia de esta cruz, llevada en sus orígenes por el preso que había sido indultado o por personas con promesas o devoción como era mi caso.

Al recordar se me agolpan imágenes distintas.

La salida del jueves desde el colegio, “nuestra salida” como dicen algunos, por nuestro barrio, muchos nazarenos en filas por nuestras calles amplias y abiertas con las paradas en las parroquias que pasábamos el Pilar, el Rosario….

El viernes santo salíamos de casa de mis padres c/ Montesa, vestidos con las túnicas planchadas por mi madre, hacia el metro de Manuel Becerra con parada en el convento de Mártires Concepcionistas, religiosas de clausura a las que mis padres tenían gran aprecio. Los primeros años nos reuníamos en el patio de la calle del Marqués de la casa Riera, posteriormente en el pasaje de la Caja de Ahorros, cercano a Sol, dos años hicimos lo máximo ir desde el colegio al centro y volver a nuestra sede. Los últimos años salíamos y nos recogíamos en la parroquia de la Santa Cruz sede de la hermandad de Los Siete Dolores. Los años que salimos en andas salimos de dentro de la Iglesia.

En la procesión del Silencio en Sol teníamos que estar a una hora, era una experiencia ver que en todas las calles había pasos con sus bandas de música cruzando Sol subiendo por Preciados hacia Callao e ir hacia Santo Domingo que estaba la grada oficial. Todo cerrado (bares cafeterías, cines…), todo en silencio solo roto con la música que las diferentes bandas tocaban y el ruido de los nazarenos.

Recuerdo también las salidas del viernes desde el colegio hacia el centro por la calle Serrano hacia la Puerta de Alcalá, y encuentro emotivo (durante varios años) entre Jesús de Medinaceli y El Divino Cautivo en Cibeles,

La salida de viernes era totalmente diferente a la del jueves, las calles estrechas en las que resuenan las marchas procesionales, la entrada en la Plaza Mayor por el Arco de Cuchilleros con el paso casi dando con las fachadas….

Cuando tenía veintidós años (1980) estuve de vacaciones y no procesioné, pero mi mente y mi espíritu estaban con El Divino Cautivo, esta ha sido la única ausencia hasta hace tres años que por motivos personales no he procesionado,  aunque sigo yendo a acompañar a Nuestro Padre Jesús desde la acera, como tantas personas, viendo la majestuosidad del Divino Cautivo, dejándome cautivar por su mirada su fortaleza y su humanidad.

En resumen, la experiencia de tantos años de acompañar al Divino Cautivo por las calles de Madrid desde el anonimato que concede estar detrás del antifaz y las horas de estar a solas con Él me hacen revivir los primeros recuerdos y los recuerdos más cercanos, las personas queridas que están gozando ya de su presencia (mis padres, mi suegro) y poder dar gracias por Mayte y mis hijos por los que estoy y soy yo.